LA FERIA
4º Monologo de Javier Monedero Lozano
Buenas a todos. Aquí dejo mi 4º monologo que espero que os guste igual o más que los anteriores. Ahí voy.
Bueno, os quería hablar de la feria.
En la feria se puede hacer de todo: puedes beber, comer, fumar, bailar, mear, que te pisen, que te quemen y que te toquen un poco los cojones.
Yo quería empezar hablando de las cosas características de la feria, esas cosas que en otro sitio ten por seguro que no las vas a encontrar. Por ejemplo, el algodón dulce. Me refiero a esa masa de nube rosa, eso… ¿de dónde sale eso? ¿Y por qué es rosa?
Todos de pequeño lo hemos comido. Pero eso sí, era imposible comérselo entero. Yo una vez hice la prueba y empecé a elevarme por encima del suelo. Cuando estaba ya a una altura considerable empecé a reunirme en las alturas con otros niños que hicieron la misma estupidez que yo. Vamos, algo espantoso.
Porque hay cosas de la feria… ¿de dónde sale el agua que rocía a los trozos de coco? ¿Ese agua es potable? ¿Es del ayuntamiento? No sé, éstas son preguntas sin respuesta que el ser humano nunca será capaz de responder (Parra seguro que le encuentra alguna).
Otra cosa característica de la feria son esos puestecitos en los que pagas 2€ y te dan una escopeta de aire con la que disparas un tapón de vino a un peluche de llavero, un mechero que no va o esas minibotellas de alcohol, que no se por qué, pero siempre que he jugado a eso, disparo a una cosa y siempre me llevo la que está al lado. Pero en fin, digo yo: ¿para qué vas a jugar a eso si los 2 € valen más que cualquier baratija de esas?
Más cosas características de la feria: el puesto ese que tiene de todo. Desde la máscara de Spiderman hasta el paquetillo de palomitas rancias blandas y frías, que yo siempre he tenido batallas con esas bolsas de palomitas, porque cuando ya llevas la mitad de las palomitas ingeridas, la otra mitad se queda abajo y no llegas a cogerlas con la mano, y entonces no ves otra solución que romper la bolsa para llegar al fondo. Pero la rompes. Cómo no, con los dientes. Pero estas bolsas están hechas a prueba de dientes porque muerdes y tiras, y la bolsa se ha hecho más larga y te cuesta más todavía y tienes que acabar dejando esa mitad de palomitas que te quedan.
Otro producto de estos puestos son esos pequeños petardos que explotan cuando los tiras al suelo. No creo que haya nada que haga más feliz a un niño que ver cómo le tira a la gente ese susodicho producto. Una caja de petardos de estos que vienen dentro como mezclados de… como una mezcla de tierra y tabaco y no sabes los petardos que hay en total, que crees que se te han acabado y ves en la caja al final de tanta mugre que te queda uno. Pero ese uno lo vas a sacrificar, por que quieres saber lo que lleva por dentro. Sí amigos, todos hemos diseccionado un puto petardo de esos, para ver lo que hay en su interior: piedrecillas dentro de una bolsita en forma de cebolla.
Y esos puestos en los que intentas coger un peluche con un gancho que tiene menos fuerza que el bíceps de una gamba, con tanta iluminación y decorados que parecen caravanas tuneadas, en la que es imposible llevarse el premio a la primera.
Y que me decís de los feriantes. ¿Todos son gitanos? Esos feriantes que rebosan simpatía que te miran con esas caras de amistad que no les cabe la sonrisa en la cara.
(Por si no os habéis dado cuenta estaba siendo sarcástico).
Ahora quiero hablar de las atracciones.
Una de las míticas atracciones de la feria son los coches de choque. Esa atracción en la que vas montado en un pequeño vehículo en la que tu intención es ir chocándote con otros mientras estas escuchando “Camela” de fondo. Pero siempre nos pasa una cosa justo al empezar: te coges el coche que está en el borde de la pista y estás sentenciado. No podrás salir de ahí porque siempre que quieres empezar a conducir, el coche hace lo contrario a lo que tú haces con el volante. Siempre se va para el lado del borde de la pista y te es imposible realizar alguna maniobra mientras el gracioso de turno que ha visto tu debilidad como cría de ñu no para de darte. Te da el golpe, se va y vuelve a darte. Y así sucesivamente. Pero cuando parece que consigues salir de ahí, se te acaba el tiempo y tienes que irte.
Otra atracción que me llamó la atención es la llamada “olla”: esa atracción en la que se meten 50 personas en un montículo circular que no para de dar vueltas y botar. En esa atracción creo que superas la media de golpes que te das en la vida. Y esa lona de mierda que ponen ahí en medio como diciendo: tranquilo, no te preocupes, que si te caes esta lona te protegerá del golpe….¡¡Los cojones!! Yo creo que si no hubiera lona te harías menos daño, ya que la madera, el plástico o de lo que este compuesta la atracción es mas segura que esa lona. Y siempre está esa persona que se pone en medio como vacilando y diciendo que le de más caña al maquinista y acabas dándote golpes en los asientos de la atracción, comiéndote las zapatillas del que tienes encima…y lo peor de todo, es que pagamos por esto.
En la siguiente atracción sólo me montaba cuando era pequeño. Ahora lo vería una locura. Sí, esa atracción en la que vas en una especie de trenecillo en la que un hombre disfrazado de payaso te daba con una escoba…eso. ¿Qué le puede aportar a un niño? Un payaso que te pega con una escoba… Y, ¿cómo pueden permitir eso los padres? “Anda hijo, ve a montarte en el tren en el que el payaso te da escobazos”. Desde luego, ¡cómo está el mundo!
Bueno, hasta aquí mi 4º monologo. Sé que me dejo bastantes cosas de la feria. Por eso quizás haga una segunda parte cuando me venga más inspiración sobre qué nos podemos encontrar en la feria. Espero que os guste y un saludo a todos.
PD: por favor, quiten la “atracción”, si se le puede llamar así, en la que unos inocentes ponis están dando vueltas en el mismo sentido, montando niños durante toda su vida en contra de su voluntad y falta de libertad. Mírenles a los ojos y díganme si se merecen estar esclavizados para hacer sonreír a 4 niños…. Yo creo que no.
Javier Monedero Lozano
domingo, 30 de diciembre de 2007
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