Hola, quiero empezar mi tercer monólogo centrándome en un lugar en el que creo que no hay ser humano que no haya pisado... ”El Carrefour” (antiguo Continente).
Bueno, al llegar al Carrefour te metes en ese parking al aire libre, tú vas en el asiento trasero del coche mientras tu padre va buscando donde aparcar, tú ves mil sitios pero tu padre no, y tu madre mientras va sacando esa moneda de 50 céntimos para el carrito... Le dices a tu padre “¡Mira ahí papa, que esta cerca de la puerta!”, y tu padre responde “¡NO, que no da sombra!”. Tú vuelves a insistir y tu padre: “¡NO, que se pega mucho al otro coche”. En fin, que nos vamos a la otra punta del parking donde no hay un solo coche, pero a tu padre le hace gracia dejarlo ahí, en fin, cosas de padres.
Ahora siguiendo el orden cronológico de la situación, después de aparcar toca, como no… Ir a por el carrito! Nosotros siempre de pequeños nos hace mucha ilusión ir a por el carro pero cuando vamos queremos coger el que está impecable, llegas a la fila llena de carros y empiezas a observar, ves un carro con propaganda y dices “Este no”, sigues buscando, ves otros pero tienen unas hojas de lechuga, eso es típico, yo creo que cada hipermercado tiene contratado a un empleado dedicado a poner hojas de lechuga en los carros antes de abrir cada día! Bueno, esos descartados. Sigues buscando y encuentras el que buscas, metes esos 50 céntimos y te vas corriendo hacia tu madre, pero a mitad del camino te das cuenta de una cosa muy importante...¡El carro no tiene sillita! Entonces tienes que volver para coger el carro que buscabas. Ahora sí, cambias el carro y entras.
Bien, ya dentro del Carrefour y tú dentro del carro al que has cargado ya a tu madre, lo primero que te encuentras son esos puestecitos de muestras de productos, de queso por ejemplo. Te dice esa señorita tan formal con esa sonrisa tan forzada: ¿Quiere probar nuestros quesos manchegos puros centrados en aceite de oliva? Y tu madre, que no quiere ser descortés (lo que pasa es que no se atreve a decir que no), dice: “Ya si eso luego me paso”, entonces consigues escapar de esa situación y atención. Esa es la frase que usamos todos para irnos de una situación incómoda entre vendedor y posible comprador.
Ahora toca la parte en la que te despides de tus padres y te vas a tu bola a la zona de juguetes o a la zona de posters, ¿Quién no ha estado mirando esa galería de postres? Entre ellos está ese de Bob Marley fumado, ese del bebé regordete junto a un perrito que se le parece a él, las típicas chicas explosivas, o ese póster de tu película favorita… Pero yo me quedo con un póster muy peculiar, mi favorito: El del chimpancé vestido de paleto apoyado en un poste de portería con un puro en una mano y una cerveza en la otra, poniendo cara de gañán.
Cuando ya te aburres de estar solo por allí te pones a buscar a tus padres… Lo que yo hacía era ponerme en una punta del Carrefour entre las estanterías e iba en línea recta y mirando a los dos lados del pasillo a ver si les encontraba, pero no, no aparecían. Un día fui a Información y dije: “Perdonen, ¿Saben donde están mis padres? ¡Es que se han perdido!”. Mis padres aparecieron por sorpresa, y mi madre muy cabreada me dijo: “¿Donde estabas? ¡Tira para adelante que me tienes contenta!”. ¡Pumm!, Hostión.
Con mi madre cabreada iba cogido al carro mirando cosillas, cuando llegó una situación que a todos nos sucede en Carrefour: Coger algo, por ejemplo, una bolsa de patatas, nos la comemos tranquilamente por allí, y cuando acabas, escondes la bolsa por allí.
Otra cosa que hacemos los hijos, es meter en el carro algo que nuestra madre no nos deja comprar. Tú metes esos huevos Kinder entre la leche y el azúcar… Y ¡Ale!, ¡Ya tienes capricho!.
Otro dilema es la hora de llegar a la caja. Ahí se crea una guerra de carros, ves tantas cajas… Tu madre nos toma por espías… ¿Por qué?, Muy fácil, tu madre va y te dice: “Corre, ves y mira qué caja esta más vacía”. Y tienes que ir disimulado porque si un carro ajeno se da cuenta de que has encontrado una caja a la que le queda un carro, los demás carros se percatan y van a dicha caja. Por eso tienes que ir como si estuvieras buscando pilas y haciendo señales cuando encuentras la caja perfecta. Entonces tu madre llega. Bien, cuando estás a la caja, tu madre empieza a dejar los productos, y tú estás en tensión, por si se da cuenta de los huevos Kinder, sólo esperas que pasen el piiii, por que a partir de ahí eso significa que son tuyos.
Al final, cuando ya parece que vas a salir del Carrefour lleno de bolsas, se oye de fondo: “¿Quiere probar nuestros quesos manchegos puros centrados en aceite de oliva?”. Y tu madre responde: “Ya si eso luego me paso”.
Y ahí acaba un gran día en Carrefour.
Gracias, un saludo a todos mis lectores.
domingo, 26 de agosto de 2007
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