2º MONOLOGO DE JAVIER MONEDERO LOZANO
Bueno, ahora os quería hablar de esos pequeños seres que todas las primaveras tenemos en casa……Os hablo de los gusanos de seda.
Esos pequeñitos animales que siempre que llegan a nosotros, que por cierto, nadie sabe de dónde vienen porque siempre llegan a nosotros de un amigo de un amigo de un amigo de un amigo nuestro. Que se los van pasando, pero el primero que lo pasa, que le dan 150, se queda 50, el siguiente se queda con 20, el siguiente con otros 20, y el siguiente con otros 50, y a ti te llegan sólo 10 míseros gusanitos que siempre son los más pequeñitos…
Pero bueno, como al final logras que te lleguen, tú estas más feliz que nadie, con tus 10 mini gusanos. Pero, ¡en algún sitio tendrás que ponerlos! Claro, para eso están las cajas de zapatos; que en la tapa les ponemos 250 agujeros para que no se ahoguen tus diez mini gusanos. Que esa caja parece un colador con tanto agujero.
Bueno, allí los metes; pero sabes que tienen que comer y ahí es cuando llamas a tu padre para ir a coger moreras, que son esas hojas que salen…de las moras. Pues, llevas a tu padre hasta fuera de la ciudad para llegar al campo y coger esas preciadas hojas. Llegas a ese árbol y tú eso lo ves como diciendo… y, ¿cómo subo yo ahí? Pues para eso esta tu padre. Y le dices, con esos ojos llorosos que sólo los niños saben poner: “papa, papa, coge las hojas para mis gusanos, ¡¡¡¡porfiiiiiiii!!!! Y tu padre, bueno que es, sube.
Y tú, pues como no sabes que hacer, te pones a jugar con una lata que encuentras por ahí tirada y empiezas a darle patadas. Yo creo que antes del que el fútbol y todos esos deportes donde se usa una especie de pelota, no hubieran existido si no hubieran estado antes las latas. Porque tú ves una lata tirada en el suelo por la calle, y algo dentro de ti te dice: “dale, dale esa patada que tanto quieres dar y mándala a tomar por cu…… Y claro, le das. Pero no le das como le hubieras querido dar, así que te la llevas dando toques por el camino. Pero todo lo bueno se acaba y le das un mal toque y se te mete debajo de un coche. Y te paras y piensas: “puffff, agacharme…. ¡bah! ¡que le den! Porque siempre quedará otra lata a la que dar patadas, por que para eso están.”
U otro ejemplo de objetos a los que nos encanta lanzar son esas bolas de papel. Que estamos en clase y, para matar el aburrimiento, pues cogemos un papel, y lo hacemos una bola y lo lanzamos a la papelera. Pero, ¡con un estiloooo! que ni Michael Jordan. Por que ese tiro lo hacemos como si fuera el último de nuestra vida, así que lanzamos y… ¡fuera! Pero tú no te rindes, así que coges otro papel y éste lo tiras de tal forma que, cuando lo tiras, le das en la cabeza a tu compañero de adelante, da a la pared, da cuatro vueltas por el aro de la papelera y se mete. Pero claro, esos tiros son los que sólo los vas a meter una vez en tu vida. Y, que casualidad que las cosas que parecen imposibles de hacer y que no te volverán a salir, cuando las haces, nadie te ve.
Tú levantas la cabeza para ver si alguien ha visto tu obra arte, pero no. Así que eso quedara dentro de ti.
Bueno, que iba diciendo…
¡Ah, sí! Tú estás ahí jugando con la lata y tu padre ha cogido para 3 semanas de comida.
Entonces, tú te vas hacia tu casa con medio árbol dentro del coche. Y cuando llegas a casa, sin dudarlo, llenas la caja de hojas para que estén bien satisfechos tus gusanos, y ya ves cómo empiezan a comer.
Y, con el paso del tiempo, los ves crecer, pero también ves crecer la caja. Ves unos cuadraditos negros que parece arena negra pero no, son las cagaditas de esos seres a los que tanto cariño coges.
Tienes que vaciar la caja y cambiar la comida. Pero claro, cuando vas a coger la comida que te sobró, ¡está mustia! Y no te queda otra que volver a por más comida. Así que tu padre vuelve a traer otro medio árbol aunque sepa que las hojas se pudren.
Bueno, y cuando te quieres dar cuenta, te sientes como una madre al ver que tus gusanos pasan de la niñez a la madure; porque les ves independizarse. Les ves trabajar y agenciarse una casa. Eso si, de seda. Ves cómo se hacen ese huevo y se tiran dentro de él ese huevo unas 2 semanas aproximadamente.
Y cuando los vas a ver nacer, esperas que salgan unas preciosas y bonitas mariposas…pero, ¡te salen unas polillas feas, que no saben ni volar! Que parecen las gallinas de los insectos: salen de un huevo, no saben volar y se acojonan por todo.
Bueno, pero ahora a las polillas las ves como más acarameladas entre ellas. Pues cada vez que abría la caja estaban juntas por la cola, y yo: ¡¡pero niñas, que yo no os he enseñado esto!!
Y te das cuenta empiezas a ver cómo empiezan a soltar unos líquidos que parecen betadine.
Pero, la cuestión es que, después empiezan “como a cagar”, y las dejan pegadas a la pared de la caja. Y justo después, sin saber el por qué, se nos mueren. Y, con nuestra gran pena, vaciamos la caja y nos quedamos con sus mierdecitas pegadas para ver si el año que viene nos nacen más gusanitos.
Pero al mes ya tu madre las ha tirado a la basura. Y, claro, tienes que esperar a la siguiente primavera a que tu amigo te de las sus sobras de sus gusanos y sigues sin saber en realidad de dónde nacen.
Gracias y espero que os haya gustado.
Javier monedero lozano
2º monologo.
lunes, 7 de mayo de 2007
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