LA FERIA
4º Monologo de Javier Monedero Lozano
Buenas a todos. Aquí dejo mi 4º monologo que espero que os guste igual o más que los anteriores. Ahí voy.
Bueno, os quería hablar de la feria.
En la feria se puede hacer de todo: puedes beber, comer, fumar, bailar, mear, que te pisen, que te quemen y que te toquen un poco los cojones.
Yo quería empezar hablando de las cosas características de la feria, esas cosas que en otro sitio ten por seguro que no las vas a encontrar. Por ejemplo, el algodón dulce. Me refiero a esa masa de nube rosa, eso… ¿de dónde sale eso? ¿Y por qué es rosa?
Todos de pequeño lo hemos comido. Pero eso sí, era imposible comérselo entero. Yo una vez hice la prueba y empecé a elevarme por encima del suelo. Cuando estaba ya a una altura considerable empecé a reunirme en las alturas con otros niños que hicieron la misma estupidez que yo. Vamos, algo espantoso.
Porque hay cosas de la feria… ¿de dónde sale el agua que rocía a los trozos de coco? ¿Ese agua es potable? ¿Es del ayuntamiento? No sé, éstas son preguntas sin respuesta que el ser humano nunca será capaz de responder (Parra seguro que le encuentra alguna).
Otra cosa característica de la feria son esos puestecitos en los que pagas 2€ y te dan una escopeta de aire con la que disparas un tapón de vino a un peluche de llavero, un mechero que no va o esas minibotellas de alcohol, que no se por qué, pero siempre que he jugado a eso, disparo a una cosa y siempre me llevo la que está al lado. Pero en fin, digo yo: ¿para qué vas a jugar a eso si los 2 € valen más que cualquier baratija de esas?
Más cosas características de la feria: el puesto ese que tiene de todo. Desde la máscara de Spiderman hasta el paquetillo de palomitas rancias blandas y frías, que yo siempre he tenido batallas con esas bolsas de palomitas, porque cuando ya llevas la mitad de las palomitas ingeridas, la otra mitad se queda abajo y no llegas a cogerlas con la mano, y entonces no ves otra solución que romper la bolsa para llegar al fondo. Pero la rompes. Cómo no, con los dientes. Pero estas bolsas están hechas a prueba de dientes porque muerdes y tiras, y la bolsa se ha hecho más larga y te cuesta más todavía y tienes que acabar dejando esa mitad de palomitas que te quedan.
Otro producto de estos puestos son esos pequeños petardos que explotan cuando los tiras al suelo. No creo que haya nada que haga más feliz a un niño que ver cómo le tira a la gente ese susodicho producto. Una caja de petardos de estos que vienen dentro como mezclados de… como una mezcla de tierra y tabaco y no sabes los petardos que hay en total, que crees que se te han acabado y ves en la caja al final de tanta mugre que te queda uno. Pero ese uno lo vas a sacrificar, por que quieres saber lo que lleva por dentro. Sí amigos, todos hemos diseccionado un puto petardo de esos, para ver lo que hay en su interior: piedrecillas dentro de una bolsita en forma de cebolla.
Y esos puestos en los que intentas coger un peluche con un gancho que tiene menos fuerza que el bíceps de una gamba, con tanta iluminación y decorados que parecen caravanas tuneadas, en la que es imposible llevarse el premio a la primera.
Y que me decís de los feriantes. ¿Todos son gitanos? Esos feriantes que rebosan simpatía que te miran con esas caras de amistad que no les cabe la sonrisa en la cara.
(Por si no os habéis dado cuenta estaba siendo sarcástico).
Ahora quiero hablar de las atracciones.
Una de las míticas atracciones de la feria son los coches de choque. Esa atracción en la que vas montado en un pequeño vehículo en la que tu intención es ir chocándote con otros mientras estas escuchando “Camela” de fondo. Pero siempre nos pasa una cosa justo al empezar: te coges el coche que está en el borde de la pista y estás sentenciado. No podrás salir de ahí porque siempre que quieres empezar a conducir, el coche hace lo contrario a lo que tú haces con el volante. Siempre se va para el lado del borde de la pista y te es imposible realizar alguna maniobra mientras el gracioso de turno que ha visto tu debilidad como cría de ñu no para de darte. Te da el golpe, se va y vuelve a darte. Y así sucesivamente. Pero cuando parece que consigues salir de ahí, se te acaba el tiempo y tienes que irte.
Otra atracción que me llamó la atención es la llamada “olla”: esa atracción en la que se meten 50 personas en un montículo circular que no para de dar vueltas y botar. En esa atracción creo que superas la media de golpes que te das en la vida. Y esa lona de mierda que ponen ahí en medio como diciendo: tranquilo, no te preocupes, que si te caes esta lona te protegerá del golpe….¡¡Los cojones!! Yo creo que si no hubiera lona te harías menos daño, ya que la madera, el plástico o de lo que este compuesta la atracción es mas segura que esa lona. Y siempre está esa persona que se pone en medio como vacilando y diciendo que le de más caña al maquinista y acabas dándote golpes en los asientos de la atracción, comiéndote las zapatillas del que tienes encima…y lo peor de todo, es que pagamos por esto.
En la siguiente atracción sólo me montaba cuando era pequeño. Ahora lo vería una locura. Sí, esa atracción en la que vas en una especie de trenecillo en la que un hombre disfrazado de payaso te daba con una escoba…eso. ¿Qué le puede aportar a un niño? Un payaso que te pega con una escoba… Y, ¿cómo pueden permitir eso los padres? “Anda hijo, ve a montarte en el tren en el que el payaso te da escobazos”. Desde luego, ¡cómo está el mundo!
Bueno, hasta aquí mi 4º monologo. Sé que me dejo bastantes cosas de la feria. Por eso quizás haga una segunda parte cuando me venga más inspiración sobre qué nos podemos encontrar en la feria. Espero que os guste y un saludo a todos.
PD: por favor, quiten la “atracción”, si se le puede llamar así, en la que unos inocentes ponis están dando vueltas en el mismo sentido, montando niños durante toda su vida en contra de su voluntad y falta de libertad. Mírenles a los ojos y díganme si se merecen estar esclavizados para hacer sonreír a 4 niños…. Yo creo que no.
Javier Monedero Lozano
domingo, 30 de diciembre de 2007
domingo, 26 de agosto de 2007
EL CARREFOUR
Hola, quiero empezar mi tercer monólogo centrándome en un lugar en el que creo que no hay ser humano que no haya pisado... ”El Carrefour” (antiguo Continente).
Bueno, al llegar al Carrefour te metes en ese parking al aire libre, tú vas en el asiento trasero del coche mientras tu padre va buscando donde aparcar, tú ves mil sitios pero tu padre no, y tu madre mientras va sacando esa moneda de 50 céntimos para el carrito... Le dices a tu padre “¡Mira ahí papa, que esta cerca de la puerta!”, y tu padre responde “¡NO, que no da sombra!”. Tú vuelves a insistir y tu padre: “¡NO, que se pega mucho al otro coche”. En fin, que nos vamos a la otra punta del parking donde no hay un solo coche, pero a tu padre le hace gracia dejarlo ahí, en fin, cosas de padres.
Ahora siguiendo el orden cronológico de la situación, después de aparcar toca, como no… Ir a por el carrito! Nosotros siempre de pequeños nos hace mucha ilusión ir a por el carro pero cuando vamos queremos coger el que está impecable, llegas a la fila llena de carros y empiezas a observar, ves un carro con propaganda y dices “Este no”, sigues buscando, ves otros pero tienen unas hojas de lechuga, eso es típico, yo creo que cada hipermercado tiene contratado a un empleado dedicado a poner hojas de lechuga en los carros antes de abrir cada día! Bueno, esos descartados. Sigues buscando y encuentras el que buscas, metes esos 50 céntimos y te vas corriendo hacia tu madre, pero a mitad del camino te das cuenta de una cosa muy importante...¡El carro no tiene sillita! Entonces tienes que volver para coger el carro que buscabas. Ahora sí, cambias el carro y entras.
Bien, ya dentro del Carrefour y tú dentro del carro al que has cargado ya a tu madre, lo primero que te encuentras son esos puestecitos de muestras de productos, de queso por ejemplo. Te dice esa señorita tan formal con esa sonrisa tan forzada: ¿Quiere probar nuestros quesos manchegos puros centrados en aceite de oliva? Y tu madre, que no quiere ser descortés (lo que pasa es que no se atreve a decir que no), dice: “Ya si eso luego me paso”, entonces consigues escapar de esa situación y atención. Esa es la frase que usamos todos para irnos de una situación incómoda entre vendedor y posible comprador.
Ahora toca la parte en la que te despides de tus padres y te vas a tu bola a la zona de juguetes o a la zona de posters, ¿Quién no ha estado mirando esa galería de postres? Entre ellos está ese de Bob Marley fumado, ese del bebé regordete junto a un perrito que se le parece a él, las típicas chicas explosivas, o ese póster de tu película favorita… Pero yo me quedo con un póster muy peculiar, mi favorito: El del chimpancé vestido de paleto apoyado en un poste de portería con un puro en una mano y una cerveza en la otra, poniendo cara de gañán.
Cuando ya te aburres de estar solo por allí te pones a buscar a tus padres… Lo que yo hacía era ponerme en una punta del Carrefour entre las estanterías e iba en línea recta y mirando a los dos lados del pasillo a ver si les encontraba, pero no, no aparecían. Un día fui a Información y dije: “Perdonen, ¿Saben donde están mis padres? ¡Es que se han perdido!”. Mis padres aparecieron por sorpresa, y mi madre muy cabreada me dijo: “¿Donde estabas? ¡Tira para adelante que me tienes contenta!”. ¡Pumm!, Hostión.
Con mi madre cabreada iba cogido al carro mirando cosillas, cuando llegó una situación que a todos nos sucede en Carrefour: Coger algo, por ejemplo, una bolsa de patatas, nos la comemos tranquilamente por allí, y cuando acabas, escondes la bolsa por allí.
Otra cosa que hacemos los hijos, es meter en el carro algo que nuestra madre no nos deja comprar. Tú metes esos huevos Kinder entre la leche y el azúcar… Y ¡Ale!, ¡Ya tienes capricho!.
Otro dilema es la hora de llegar a la caja. Ahí se crea una guerra de carros, ves tantas cajas… Tu madre nos toma por espías… ¿Por qué?, Muy fácil, tu madre va y te dice: “Corre, ves y mira qué caja esta más vacía”. Y tienes que ir disimulado porque si un carro ajeno se da cuenta de que has encontrado una caja a la que le queda un carro, los demás carros se percatan y van a dicha caja. Por eso tienes que ir como si estuvieras buscando pilas y haciendo señales cuando encuentras la caja perfecta. Entonces tu madre llega. Bien, cuando estás a la caja, tu madre empieza a dejar los productos, y tú estás en tensión, por si se da cuenta de los huevos Kinder, sólo esperas que pasen el piiii, por que a partir de ahí eso significa que son tuyos.
Al final, cuando ya parece que vas a salir del Carrefour lleno de bolsas, se oye de fondo: “¿Quiere probar nuestros quesos manchegos puros centrados en aceite de oliva?”. Y tu madre responde: “Ya si eso luego me paso”.
Y ahí acaba un gran día en Carrefour.
Gracias, un saludo a todos mis lectores.
Bueno, al llegar al Carrefour te metes en ese parking al aire libre, tú vas en el asiento trasero del coche mientras tu padre va buscando donde aparcar, tú ves mil sitios pero tu padre no, y tu madre mientras va sacando esa moneda de 50 céntimos para el carrito... Le dices a tu padre “¡Mira ahí papa, que esta cerca de la puerta!”, y tu padre responde “¡NO, que no da sombra!”. Tú vuelves a insistir y tu padre: “¡NO, que se pega mucho al otro coche”. En fin, que nos vamos a la otra punta del parking donde no hay un solo coche, pero a tu padre le hace gracia dejarlo ahí, en fin, cosas de padres.
Ahora siguiendo el orden cronológico de la situación, después de aparcar toca, como no… Ir a por el carrito! Nosotros siempre de pequeños nos hace mucha ilusión ir a por el carro pero cuando vamos queremos coger el que está impecable, llegas a la fila llena de carros y empiezas a observar, ves un carro con propaganda y dices “Este no”, sigues buscando, ves otros pero tienen unas hojas de lechuga, eso es típico, yo creo que cada hipermercado tiene contratado a un empleado dedicado a poner hojas de lechuga en los carros antes de abrir cada día! Bueno, esos descartados. Sigues buscando y encuentras el que buscas, metes esos 50 céntimos y te vas corriendo hacia tu madre, pero a mitad del camino te das cuenta de una cosa muy importante...¡El carro no tiene sillita! Entonces tienes que volver para coger el carro que buscabas. Ahora sí, cambias el carro y entras.
Bien, ya dentro del Carrefour y tú dentro del carro al que has cargado ya a tu madre, lo primero que te encuentras son esos puestecitos de muestras de productos, de queso por ejemplo. Te dice esa señorita tan formal con esa sonrisa tan forzada: ¿Quiere probar nuestros quesos manchegos puros centrados en aceite de oliva? Y tu madre, que no quiere ser descortés (lo que pasa es que no se atreve a decir que no), dice: “Ya si eso luego me paso”, entonces consigues escapar de esa situación y atención. Esa es la frase que usamos todos para irnos de una situación incómoda entre vendedor y posible comprador.
Ahora toca la parte en la que te despides de tus padres y te vas a tu bola a la zona de juguetes o a la zona de posters, ¿Quién no ha estado mirando esa galería de postres? Entre ellos está ese de Bob Marley fumado, ese del bebé regordete junto a un perrito que se le parece a él, las típicas chicas explosivas, o ese póster de tu película favorita… Pero yo me quedo con un póster muy peculiar, mi favorito: El del chimpancé vestido de paleto apoyado en un poste de portería con un puro en una mano y una cerveza en la otra, poniendo cara de gañán.
Cuando ya te aburres de estar solo por allí te pones a buscar a tus padres… Lo que yo hacía era ponerme en una punta del Carrefour entre las estanterías e iba en línea recta y mirando a los dos lados del pasillo a ver si les encontraba, pero no, no aparecían. Un día fui a Información y dije: “Perdonen, ¿Saben donde están mis padres? ¡Es que se han perdido!”. Mis padres aparecieron por sorpresa, y mi madre muy cabreada me dijo: “¿Donde estabas? ¡Tira para adelante que me tienes contenta!”. ¡Pumm!, Hostión.
Con mi madre cabreada iba cogido al carro mirando cosillas, cuando llegó una situación que a todos nos sucede en Carrefour: Coger algo, por ejemplo, una bolsa de patatas, nos la comemos tranquilamente por allí, y cuando acabas, escondes la bolsa por allí.
Otra cosa que hacemos los hijos, es meter en el carro algo que nuestra madre no nos deja comprar. Tú metes esos huevos Kinder entre la leche y el azúcar… Y ¡Ale!, ¡Ya tienes capricho!.
Otro dilema es la hora de llegar a la caja. Ahí se crea una guerra de carros, ves tantas cajas… Tu madre nos toma por espías… ¿Por qué?, Muy fácil, tu madre va y te dice: “Corre, ves y mira qué caja esta más vacía”. Y tienes que ir disimulado porque si un carro ajeno se da cuenta de que has encontrado una caja a la que le queda un carro, los demás carros se percatan y van a dicha caja. Por eso tienes que ir como si estuvieras buscando pilas y haciendo señales cuando encuentras la caja perfecta. Entonces tu madre llega. Bien, cuando estás a la caja, tu madre empieza a dejar los productos, y tú estás en tensión, por si se da cuenta de los huevos Kinder, sólo esperas que pasen el piiii, por que a partir de ahí eso significa que son tuyos.
Al final, cuando ya parece que vas a salir del Carrefour lleno de bolsas, se oye de fondo: “¿Quiere probar nuestros quesos manchegos puros centrados en aceite de oliva?”. Y tu madre responde: “Ya si eso luego me paso”.
Y ahí acaba un gran día en Carrefour.
Gracias, un saludo a todos mis lectores.
lunes, 7 de mayo de 2007
Los Gusanos De Seda
2º MONOLOGO DE JAVIER MONEDERO LOZANO
Bueno, ahora os quería hablar de esos pequeños seres que todas las primaveras tenemos en casa……Os hablo de los gusanos de seda.
Esos pequeñitos animales que siempre que llegan a nosotros, que por cierto, nadie sabe de dónde vienen porque siempre llegan a nosotros de un amigo de un amigo de un amigo de un amigo nuestro. Que se los van pasando, pero el primero que lo pasa, que le dan 150, se queda 50, el siguiente se queda con 20, el siguiente con otros 20, y el siguiente con otros 50, y a ti te llegan sólo 10 míseros gusanitos que siempre son los más pequeñitos…
Pero bueno, como al final logras que te lleguen, tú estas más feliz que nadie, con tus 10 mini gusanos. Pero, ¡en algún sitio tendrás que ponerlos! Claro, para eso están las cajas de zapatos; que en la tapa les ponemos 250 agujeros para que no se ahoguen tus diez mini gusanos. Que esa caja parece un colador con tanto agujero.
Bueno, allí los metes; pero sabes que tienen que comer y ahí es cuando llamas a tu padre para ir a coger moreras, que son esas hojas que salen…de las moras. Pues, llevas a tu padre hasta fuera de la ciudad para llegar al campo y coger esas preciadas hojas. Llegas a ese árbol y tú eso lo ves como diciendo… y, ¿cómo subo yo ahí? Pues para eso esta tu padre. Y le dices, con esos ojos llorosos que sólo los niños saben poner: “papa, papa, coge las hojas para mis gusanos, ¡¡¡¡porfiiiiiiii!!!! Y tu padre, bueno que es, sube.
Y tú, pues como no sabes que hacer, te pones a jugar con una lata que encuentras por ahí tirada y empiezas a darle patadas. Yo creo que antes del que el fútbol y todos esos deportes donde se usa una especie de pelota, no hubieran existido si no hubieran estado antes las latas. Porque tú ves una lata tirada en el suelo por la calle, y algo dentro de ti te dice: “dale, dale esa patada que tanto quieres dar y mándala a tomar por cu…… Y claro, le das. Pero no le das como le hubieras querido dar, así que te la llevas dando toques por el camino. Pero todo lo bueno se acaba y le das un mal toque y se te mete debajo de un coche. Y te paras y piensas: “puffff, agacharme…. ¡bah! ¡que le den! Porque siempre quedará otra lata a la que dar patadas, por que para eso están.”
U otro ejemplo de objetos a los que nos encanta lanzar son esas bolas de papel. Que estamos en clase y, para matar el aburrimiento, pues cogemos un papel, y lo hacemos una bola y lo lanzamos a la papelera. Pero, ¡con un estiloooo! que ni Michael Jordan. Por que ese tiro lo hacemos como si fuera el último de nuestra vida, así que lanzamos y… ¡fuera! Pero tú no te rindes, así que coges otro papel y éste lo tiras de tal forma que, cuando lo tiras, le das en la cabeza a tu compañero de adelante, da a la pared, da cuatro vueltas por el aro de la papelera y se mete. Pero claro, esos tiros son los que sólo los vas a meter una vez en tu vida. Y, que casualidad que las cosas que parecen imposibles de hacer y que no te volverán a salir, cuando las haces, nadie te ve.
Tú levantas la cabeza para ver si alguien ha visto tu obra arte, pero no. Así que eso quedara dentro de ti.
Bueno, que iba diciendo…
¡Ah, sí! Tú estás ahí jugando con la lata y tu padre ha cogido para 3 semanas de comida.
Entonces, tú te vas hacia tu casa con medio árbol dentro del coche. Y cuando llegas a casa, sin dudarlo, llenas la caja de hojas para que estén bien satisfechos tus gusanos, y ya ves cómo empiezan a comer.
Y, con el paso del tiempo, los ves crecer, pero también ves crecer la caja. Ves unos cuadraditos negros que parece arena negra pero no, son las cagaditas de esos seres a los que tanto cariño coges.
Tienes que vaciar la caja y cambiar la comida. Pero claro, cuando vas a coger la comida que te sobró, ¡está mustia! Y no te queda otra que volver a por más comida. Así que tu padre vuelve a traer otro medio árbol aunque sepa que las hojas se pudren.
Bueno, y cuando te quieres dar cuenta, te sientes como una madre al ver que tus gusanos pasan de la niñez a la madure; porque les ves independizarse. Les ves trabajar y agenciarse una casa. Eso si, de seda. Ves cómo se hacen ese huevo y se tiran dentro de él ese huevo unas 2 semanas aproximadamente.
Y cuando los vas a ver nacer, esperas que salgan unas preciosas y bonitas mariposas…pero, ¡te salen unas polillas feas, que no saben ni volar! Que parecen las gallinas de los insectos: salen de un huevo, no saben volar y se acojonan por todo.
Bueno, pero ahora a las polillas las ves como más acarameladas entre ellas. Pues cada vez que abría la caja estaban juntas por la cola, y yo: ¡¡pero niñas, que yo no os he enseñado esto!!
Y te das cuenta empiezas a ver cómo empiezan a soltar unos líquidos que parecen betadine.
Pero, la cuestión es que, después empiezan “como a cagar”, y las dejan pegadas a la pared de la caja. Y justo después, sin saber el por qué, se nos mueren. Y, con nuestra gran pena, vaciamos la caja y nos quedamos con sus mierdecitas pegadas para ver si el año que viene nos nacen más gusanitos.
Pero al mes ya tu madre las ha tirado a la basura. Y, claro, tienes que esperar a la siguiente primavera a que tu amigo te de las sus sobras de sus gusanos y sigues sin saber en realidad de dónde nacen.
Gracias y espero que os haya gustado.
Javier monedero lozano
2º monologo.
Bueno, ahora os quería hablar de esos pequeños seres que todas las primaveras tenemos en casa……Os hablo de los gusanos de seda.
Esos pequeñitos animales que siempre que llegan a nosotros, que por cierto, nadie sabe de dónde vienen porque siempre llegan a nosotros de un amigo de un amigo de un amigo de un amigo nuestro. Que se los van pasando, pero el primero que lo pasa, que le dan 150, se queda 50, el siguiente se queda con 20, el siguiente con otros 20, y el siguiente con otros 50, y a ti te llegan sólo 10 míseros gusanitos que siempre son los más pequeñitos…
Pero bueno, como al final logras que te lleguen, tú estas más feliz que nadie, con tus 10 mini gusanos. Pero, ¡en algún sitio tendrás que ponerlos! Claro, para eso están las cajas de zapatos; que en la tapa les ponemos 250 agujeros para que no se ahoguen tus diez mini gusanos. Que esa caja parece un colador con tanto agujero.
Bueno, allí los metes; pero sabes que tienen que comer y ahí es cuando llamas a tu padre para ir a coger moreras, que son esas hojas que salen…de las moras. Pues, llevas a tu padre hasta fuera de la ciudad para llegar al campo y coger esas preciadas hojas. Llegas a ese árbol y tú eso lo ves como diciendo… y, ¿cómo subo yo ahí? Pues para eso esta tu padre. Y le dices, con esos ojos llorosos que sólo los niños saben poner: “papa, papa, coge las hojas para mis gusanos, ¡¡¡¡porfiiiiiiii!!!! Y tu padre, bueno que es, sube.
Y tú, pues como no sabes que hacer, te pones a jugar con una lata que encuentras por ahí tirada y empiezas a darle patadas. Yo creo que antes del que el fútbol y todos esos deportes donde se usa una especie de pelota, no hubieran existido si no hubieran estado antes las latas. Porque tú ves una lata tirada en el suelo por la calle, y algo dentro de ti te dice: “dale, dale esa patada que tanto quieres dar y mándala a tomar por cu…… Y claro, le das. Pero no le das como le hubieras querido dar, así que te la llevas dando toques por el camino. Pero todo lo bueno se acaba y le das un mal toque y se te mete debajo de un coche. Y te paras y piensas: “puffff, agacharme…. ¡bah! ¡que le den! Porque siempre quedará otra lata a la que dar patadas, por que para eso están.”
U otro ejemplo de objetos a los que nos encanta lanzar son esas bolas de papel. Que estamos en clase y, para matar el aburrimiento, pues cogemos un papel, y lo hacemos una bola y lo lanzamos a la papelera. Pero, ¡con un estiloooo! que ni Michael Jordan. Por que ese tiro lo hacemos como si fuera el último de nuestra vida, así que lanzamos y… ¡fuera! Pero tú no te rindes, así que coges otro papel y éste lo tiras de tal forma que, cuando lo tiras, le das en la cabeza a tu compañero de adelante, da a la pared, da cuatro vueltas por el aro de la papelera y se mete. Pero claro, esos tiros son los que sólo los vas a meter una vez en tu vida. Y, que casualidad que las cosas que parecen imposibles de hacer y que no te volverán a salir, cuando las haces, nadie te ve.
Tú levantas la cabeza para ver si alguien ha visto tu obra arte, pero no. Así que eso quedara dentro de ti.
Bueno, que iba diciendo…
¡Ah, sí! Tú estás ahí jugando con la lata y tu padre ha cogido para 3 semanas de comida.
Entonces, tú te vas hacia tu casa con medio árbol dentro del coche. Y cuando llegas a casa, sin dudarlo, llenas la caja de hojas para que estén bien satisfechos tus gusanos, y ya ves cómo empiezan a comer.
Y, con el paso del tiempo, los ves crecer, pero también ves crecer la caja. Ves unos cuadraditos negros que parece arena negra pero no, son las cagaditas de esos seres a los que tanto cariño coges.
Tienes que vaciar la caja y cambiar la comida. Pero claro, cuando vas a coger la comida que te sobró, ¡está mustia! Y no te queda otra que volver a por más comida. Así que tu padre vuelve a traer otro medio árbol aunque sepa que las hojas se pudren.
Bueno, y cuando te quieres dar cuenta, te sientes como una madre al ver que tus gusanos pasan de la niñez a la madure; porque les ves independizarse. Les ves trabajar y agenciarse una casa. Eso si, de seda. Ves cómo se hacen ese huevo y se tiran dentro de él ese huevo unas 2 semanas aproximadamente.
Y cuando los vas a ver nacer, esperas que salgan unas preciosas y bonitas mariposas…pero, ¡te salen unas polillas feas, que no saben ni volar! Que parecen las gallinas de los insectos: salen de un huevo, no saben volar y se acojonan por todo.
Bueno, pero ahora a las polillas las ves como más acarameladas entre ellas. Pues cada vez que abría la caja estaban juntas por la cola, y yo: ¡¡pero niñas, que yo no os he enseñado esto!!
Y te das cuenta empiezas a ver cómo empiezan a soltar unos líquidos que parecen betadine.
Pero, la cuestión es que, después empiezan “como a cagar”, y las dejan pegadas a la pared de la caja. Y justo después, sin saber el por qué, se nos mueren. Y, con nuestra gran pena, vaciamos la caja y nos quedamos con sus mierdecitas pegadas para ver si el año que viene nos nacen más gusanitos.
Pero al mes ya tu madre las ha tirado a la basura. Y, claro, tienes que esperar a la siguiente primavera a que tu amigo te de las sus sobras de sus gusanos y sigues sin saber en realidad de dónde nacen.
Gracias y espero que os haya gustado.
Javier monedero lozano
2º monologo.
jueves, 19 de abril de 2007
1º monologo-¿se puede dormir?
Hola, ante todo felicitarlos por el gran trabajo que hacéis pues cada vez es mas difícil ver hacer reír a la gente con la porquería que hay en la televisión de hoy en día.
Bueno, respecto al monólogo, es algo corto pero creo que será suficiente.
Mi monologo se llama: "¿Se puede dormir?". Hago esta pregunta por que cada vez que nos acostamos nos pasa algo siempre, por ejemplo, tú te acuestas tranquilamente en tu cama, te arropas, estás cómodo pero cuando te quieres dar cuenta, tienes todo el edredón, la colcha y las sabanas en el suelo, incluso la almohada no sabes como pero también. Entonces lo subes como puedes pero ya no en el orden en que deberían estar, por que tienes el colchón como sabana, el edredón de almohada y la almohada de edredón, vamos, un gran lío el poder dormir a gusto.
Otro ejemplo de que no se puede dormir a gusto es cuando estamos placidamente durmiendo y de repente no sabes porqué tienes la sensación de que te vas a dar una hostia contra el suelo, y te despiertas con la cara de el niño de “Solo en casa” cuando se da cuenta que sus padres no están. Otro gran ejemplo es que cuando estas medio desnudo en la cama porque tienes todo en el suelo y estas contra la pared para no caerte, te giras para ponerte más cómodo y te pegas un piscinazo en la cara con la almohada, ya que había una laguna de saliva, entonces te giras y vuelves a caer en otro charco de saliva y es cuando te ves tú en medio de la cama mirando hacia arriba sin poder moverte, no vaya a ser que te mojes la cara...
Cuando consigues volver a dormirte, que yo creo que el 80% de la población estaría desesperada y se iría al sofá, el otro 20% se queda en su cama durmiendo como puede y ese resto no sabe el suplicio que les queda, lo peor que te puede pasar está al caer, y él lo sabe, sí, él ha estado viendo toda la noche todo tu espectáculo para cuando llegue el momento hacer su misión... Estás durmiendo y de repente oyes "Miiiii... Miiiiiiiiiii... Miiiiiiii", EL JODIDO MOSQUITO se te va a la oreja para que sepas que esta ahí y quiere joderte lo máximo por estar matando a sus compañeros durante el día. Tú harto del silbidito del mosquito enciendes la luz y el mosquito desaparece, no está en ningún lado. Como no lo encuentras te vuelves a acostar y el vuelve... Así durante un rato, y tú harto enciendes la luz y esperas a que salga y él no sale, y cuando te quieres dar cuenta tu madre abre la puerta de tu habitación y te ve a ti con la cara de un psicópata esquizofrénico con toda la colcha, las sabanas, el edredón, las mantas y la almohada en el suelo y con el jodido mosquito desaparecido esperando a la noche siguiente. Te tienes que ir a trabajar y yo me pregunto: "¿Se puede dormir?".
Gracias por leer este pequeño trozo de monólogo y espero que os guste.
Un saludo atentamente
JAVIER MONEDERO LOZANO
Bueno, respecto al monólogo, es algo corto pero creo que será suficiente.
Mi monologo se llama: "¿Se puede dormir?". Hago esta pregunta por que cada vez que nos acostamos nos pasa algo siempre, por ejemplo, tú te acuestas tranquilamente en tu cama, te arropas, estás cómodo pero cuando te quieres dar cuenta, tienes todo el edredón, la colcha y las sabanas en el suelo, incluso la almohada no sabes como pero también. Entonces lo subes como puedes pero ya no en el orden en que deberían estar, por que tienes el colchón como sabana, el edredón de almohada y la almohada de edredón, vamos, un gran lío el poder dormir a gusto.
Otro ejemplo de que no se puede dormir a gusto es cuando estamos placidamente durmiendo y de repente no sabes porqué tienes la sensación de que te vas a dar una hostia contra el suelo, y te despiertas con la cara de el niño de “Solo en casa” cuando se da cuenta que sus padres no están. Otro gran ejemplo es que cuando estas medio desnudo en la cama porque tienes todo en el suelo y estas contra la pared para no caerte, te giras para ponerte más cómodo y te pegas un piscinazo en la cara con la almohada, ya que había una laguna de saliva, entonces te giras y vuelves a caer en otro charco de saliva y es cuando te ves tú en medio de la cama mirando hacia arriba sin poder moverte, no vaya a ser que te mojes la cara...
Cuando consigues volver a dormirte, que yo creo que el 80% de la población estaría desesperada y se iría al sofá, el otro 20% se queda en su cama durmiendo como puede y ese resto no sabe el suplicio que les queda, lo peor que te puede pasar está al caer, y él lo sabe, sí, él ha estado viendo toda la noche todo tu espectáculo para cuando llegue el momento hacer su misión... Estás durmiendo y de repente oyes "Miiiii... Miiiiiiiiiii... Miiiiiiii", EL JODIDO MOSQUITO se te va a la oreja para que sepas que esta ahí y quiere joderte lo máximo por estar matando a sus compañeros durante el día. Tú harto del silbidito del mosquito enciendes la luz y el mosquito desaparece, no está en ningún lado. Como no lo encuentras te vuelves a acostar y el vuelve... Así durante un rato, y tú harto enciendes la luz y esperas a que salga y él no sale, y cuando te quieres dar cuenta tu madre abre la puerta de tu habitación y te ve a ti con la cara de un psicópata esquizofrénico con toda la colcha, las sabanas, el edredón, las mantas y la almohada en el suelo y con el jodido mosquito desaparecido esperando a la noche siguiente. Te tienes que ir a trabajar y yo me pregunto: "¿Se puede dormir?".
Gracias por leer este pequeño trozo de monólogo y espero que os guste.
Un saludo atentamente
JAVIER MONEDERO LOZANO
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
